Gastronomía

Tarta de queso La Viña: el postre donostiarra por excelencia

De las cocinas de un restaurante de San Sebastián a las mesas de medio mundo, esta tarta se ha convertido en un símbolo de la repostería vasca gracias a su exterior tostado y su irresistible interior cremoso

Ana Serrano
5 Nov 2026
4 min de lectura
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Tarta de queso La Viña: el postre donostiarra por excelencia

Imagen de la tarta ya terminada.

/ Ana Serrano

Algunos postres consiguen hacerse un hueco en la memoria de quienes los prueban, y la tarta de queso La Viña es uno de ellos. Su aspecto sencillo, su superficie intensamente dorada y ese interior suave y cremoso la han convertido en una de las recetas más reconocidas de la gastronomía española. Su historia comienza en San Sebastián, en el País Vasco, concretamente en el restaurante La Viña, situado en el casco antiguo de la ciudad. El establecimiento abrió sus puertas en 1959 y, con el paso de los años, se convirtió en el lugar de referencia de una tarta que terminaría traspasando fronteras. La creación de esta conocida especialidad se atribuye a Santiago Rivera, vinculado al restaurante familiar, cuya propuesta se alejaba de las tartas de queso más tradicionales.

No llevaba una base de galleta ni necesitaba grandes decoraciones. Su personalidad estaba en algo mucho más sencillo: una superficie bien tostada, con notas que recuerdan al caramelo, y un corazón delicado que conserva una textura casi fundente. Esa combinación de sencillez y sabor ha sido parte de su éxito. Poco a poco, la tarta comenzó a despertar el interés de visitantes y aficionados a la gastronomía hasta convertirse en uno de los dulces más conocidos de San Sebastián. Con el tiempo, su fama llegó mucho más lejos. Bajo el nombre de Basque Burnt Cheesecake, empezó a aparecer en restaurantes y pastelerías de distintos países, donde conquistó a quienes buscaban un postre diferente, sin artificios y con una personalidad propia.

Ingredientes

Para 8-10 personas: 1 kg de queso crema tipo Philadelphia. 500 ml de nata líquida para montar, con un mínimo del 35% de materia grasa. 7 huevos tamaño L. 400 g de azúcar. 1 cucharada de harina de trigo (unos 15 g). Papel de horno para forrar el molde.

Preparación paso a paso

Para empezar hay que preparar el molde y los ingredientes, sacando el queso crema y los huevos del frigorífico para que estén a temperatura ambiente. De esta manera, será más fácil conseguir una mezcla uniforme. Forramos un molde desmontable de unos 24 centímetros de diámetro con papel de horno, procurando que sobresalga por los bordes. No hace falta que quede perfectamente liso: los pliegues forman parte del aspecto rústico de esta tarta. Precalentamos el horno a 200 °C, con calor arriba y abajo, mezclamos el queso y el azúcar en un recipiente amplio, colocando el queso crema y añadiendo el azúcar. Hay que batir a velocidad media hasta conseguir una mezcla suave, sin grumos y con una textura cremosa. Es preferible no batir en exceso para evitar incorporar demasiado aire. Posteriormente, hay que añadir los huevos de uno en uno, mezclando después de cada incorporación. Este paso permite que todos los ingredientes se integren correctamente y ayuda a conseguir una textura homogénea.

Después hay que añadir la nata líquida poco a poco mientras seguimos mezclando. A continuación, incorporamos la cucharada de harina previamente tamizada. Mezclamos hasta obtener una preparación lisa y ligeramente espesa. No es necesario trabajarla demasiado; lo importante es que no queden grumos. Hay que hornear hasta conseguir el característico tostado, vertiendo la mezcla en el molde preparado y introduciéndolo en el horno. Horneamos a 200 °C durante aproximadamente 45-55 minutos hasta que la superficie adquiera un color dorado oscuro, mientras que el centro todavía pueda moverse ligeramente al agitar el molde. Ese pequeño movimiento es precisamente lo que ayudará a conservar su interior cremoso una vez que la tarta se enfríe. Si vemos que la parte superior se tuesta demasiado rápido, podemos vigilar el proceso para evitar que se queme en exceso. Hay que dejar reposar antes de servir retiramos la tarta del horno y la dejamos enfriar a temperatura ambiente sin desmoldarla.

Durante este tiempo terminará de asentarse y adquirirá una consistencia más firme. Una vez fría, podemos guardarla en el frigorífico durante varias horas. Para disfrutar mejor de su textura, es recomendable sacarla unos 20-30 minutos antes de servirla. No necesita coberturas ni decoraciones especiales. Su aspecto tostado y su interior cremoso son suficientes para convertirla en la protagonista de cualquier mesa. Una de las particularidades de esta tarta es que no necesita una base de galletas, mermeladas ni adornos para destacar. Todo el protagonismo recae en el queso, la nata y los huevos, que aportan esa textura característica. También es importante respetar el tiempo de horneado. Si buscamos un interior cremoso, no debemos esperar a que el centro quede completamente firme dentro del horno, ya que terminará de asentarse durante el enfriado.

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