Salud y Bienestar

Autismo: ¿Existen Causas Tratables? Más allá del diagnostico,

Sus manifestaciones, necesidades de apoyo y características asociadas pueden variar considerablemente según la persona

Dr. Nelson Menjivar Bandy
26 Oct 2026
8 min de lectura
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Autismo: ¿Existen Causas Tratables? Más allá del diagnostico,

Un niño jugando con un puzle

/ Revista Mundo Real

El Trastorno del Espectro Autista (TEA) es una condición del neurodesarrollo caracterizada por diferencias persistentes en la comunicación e interacción social, junto con patrones de comportamiento, actividades o intereses restringidos y repetitivos. Se denomina espectro porque sus manifestaciones, necesidades de apoyo y características asociadas pueden variar considerablemente entre una persona y otra. La evidencia disponible indica que el autismo tiene un origen multifactorial. En algunos casos se identifican variantes genéticas o condiciones médicas asociadas; en otros, no se determina una causa específica. Los avances en genética, neurología y metabolismo han permitido reconocer mecanismos biológicos relacionados con determinados fenotipos, aunque todavía existen importantes interrogantes sobre la diversidad de sus causas y manifestaciones.

Una de las preguntas que motivó esta investigación fue la siguiente: ¿pueden existir enfermedades subyacentes, algunas de ellas tratables, que se presenten junto con características autistas o que produzcan manifestaciones que se superponen con ellas? Esta pregunta orientó una investigación enfocada en identificar enfermedades potencialmente tratables asociadas con características autistas, revisar la evidencia disponible sobre sus intervenciones específicas y proponer una forma de orientar la evaluación diagnóstica. El objetivo no es plantear una cura general del autismo, sino explorar cuándo una evaluación médica adicional puede estar indicada. ¿Todos los pacientes con autismo tienen la misma causa? No necesariamente. Aunque el diagnóstico se establece principalmente mediante criterios clínicos, las características autistas pueden presentarse en contextos biológicos diferentes. La clasificación que se propone a continuación es un marco etiológico de investigación y orientación clínica, no una clasificación diagnóstica oficial.

El autismo idiopático comprende aquellos casos en los que no se identifica una causa específica después de la evaluación disponible. Su origen puede involucrar múltiples factores genéticos y biológicos, muchos de los cuales aún no se comprenden por completo. Por otra parte, el autismo sindrómico corresponde a personas con condiciones genéticas o neurológicas identificables, como el síndrome del cromosoma X frágil o la esclerosis tuberosa, en quienes las características autistas pueden formar parte de un cuadro clínico más amplio. En estos casos, el tratamiento suele dirigirse a la enfermedad asociada y a las necesidades específicas de la persona; esto no implica necesariamente modificar las características nucleares del autismo.

Los fenotipos autistas asociados a enfermedades potencialmente tratables incluyen algunas alteraciones metabólicas y genéticas que pueden afectar el funcionamiento cerebral y presentarse con características autistas, retraso del desarrollo, regresión u otros signos neurológicos. Entre los ejemplos descritos en la literatura se encuentran la fenilcetonuria no tratada, la deficiencia de biotinidasa, algunos trastornos del metabolismo de la creatina y determinadas alteraciones relacionadas con la vitamina B12 o el metabolismo del folato.La relevancia clínica de cada una depende de su frecuencia, de la presentación del paciente y de la calidad de la evidencia disponible. Estas enfermedades pueden contar con tratamientos específicos capaces de prevenir complicaciones o mejorar determinados resultados clínicos, especialmente cuando se diagnostican de manera temprana. Sin embargo, la respuesta es variable y no debe interpretarse como una garantía de recuperación de las características autistas ni como evidencia de que el autismo, en general, sea reversible.

En este sentido, existen condiciones que pueden imitar o superponerse con manifestaciones autistas, entre ellas enfermedades neurológicas, como determinados síndromes epilépticos, encefalitis u otras afecciones adquiridas, que pueden producir pérdida del lenguaje, regresión del desarrollo o cambios importantes en el comportamiento. En estos casos, es fundamental diferenciar entre una condición del neurodesarrollo, una enfermedad adquirida y la posible coexistencia de ambas. Es importante aclarar que estos grupos no son necesariamente excluyentes. Además, la presencia de una enfermedad tratable no demuestra por sí sola que dicha enfermedad explique todas las características autistas de una persona.

Una madre, hablando con su hijo
Revista Mundo Real

¿Significa esto que el autismo puede curarse? No existe evidencia que permita afirmar que haya una cura general para el autismo. El autismo es una condición del neurodesarrollo y no debe presentarse como una enfermedad que deba eliminarse. Las intervenciones deben orientarse a apoyar la comunicación, la autonomía, la salud, la participación social y la calidad de vida, respetando las necesidades y preferencias de cada persona. Al mismo tiempo, algunas enfermedades pueden producir síntomas que se superponen con características autistas o pueden coexistir con ellas. Identificarlas es importante porque su tratamiento puede prevenir daño adicional, mejorar la salud general o favorecer determinadas funciones, sin que ello implique necesariamente eliminar el autismo. Por ejemplo, en la fenilcetonuria, la acumulación de fenilalanina puede afectar el desarrollo cerebral. La detección neonatal y el tratamiento dietético adecuado reducen de forma importante el riesgo de complicaciones neurológicas. No obstante, los resultados dependen de factores como la edad al iniciar el tratamiento, el control metabólico y el grado de afectación previo.

De manera similar, algunas deficiencias metabólicas pueden responder a la administración de sustancias específicas que el organismo no produce, transporta o utiliza adecuadamente. La evidencia sobre la mejoría de rasgos conductuales o sociales puede ser limitada, heterogénea o estar basada en series de casos, por lo que debe interpretarse con cautela. La respuesta depende de la enfermedad, del grado de afectación neurológica, del momento en que se inicia el tratamiento, de la adherencia y de otros factores individuales. Una mejoría clínica no equivale necesariamente a una reversión del autismo. ¿Cómo podemos identificar a estos pacientes? Uno de los principales retos consiste en determinar qué pacientes necesitan una evaluación adicional para descartar enfermedades tratables, evitando tanto la omisión de diagnósticos relevantes como la realización indiscriminada de pruebas de bajo rendimiento.

El primer paso es realizar una historia clínica completa, que incluya antecedentes familiares, evolución del desarrollo, posibles periodos de regresión, exploración física y neurológica, revisión de medicamentos y una valoración de la audición cuando esté indicada. En niños pequeños pueden utilizarse herramientas de tamizaje como el M-CHAT-R/F, diseñado para identificar riesgo de autismo entre los 16 y 30 meses. Este cuestionario no establece el diagnóstico, no determina la gravedad y no identifica por sí mismo una causa metabólica o genética. Posteriormente, deben buscarse señales de alarma, especialmente pérdida de habilidades previamente adquiridas, convulsiones, alteraciones del movimiento, hipotonía marcada, episodios de descompensación metabólica, dificultades importantes de alimentación, rasgos dismórficos, antecedentes familiares de enfermedades hereditarias o manifestaciones que afecten otros órganos.

Cuando existen estos hallazgos, puede ser necesario realizar estudios genéticos, metabólicos o neurológicos específicos, seleccionados según la sospecha clínica y las guías profesionales disponibles. La indicación de cada prueba debe considerar su validez, disponibilidad, posibles resultados y consecuencias para la persona y su familia. El objetivo no es solicitar todos los exámenes posibles, sino reconocer cuándo debemos investigar más y qué enfermedades vale la pena descartar con base en la historia clínica y la exploración. ¿Qué encontramos en nuestra investigación? Mediante una revisión exploratoria de 38 publicaciones científicas, analizamos enfermedades potencialmente tratables relacionadas con manifestaciones autistas y la evidencia disponible sobre intervenciones específicas. A partir de estos hallazgos, planteamos una organización etiológica de diferentes fenotipos y un algoritmo diagnóstico escalonado para orientar la evaluación de pacientes seleccionados. Este algoritmo debe considerarse una propuesta de investigación y no sustituye las guías clínicas, la valoración de especialistas ni el juicio clínico individual.

La revisión exploratoria permite identificar patrones, hipótesis y áreas de interés, pero no establece por sí sola la eficacia de un tratamiento ni demuestra una relación causal en todos los casos. La literatura disponible puede incluir estudios observacionales, series de casos y muestras pequeñas, por lo que se requieren investigaciones adicionales, con diseños más rigurosos, para determinar qué pacientes se benefician, en qué medida y bajo qué condiciones. Nuestra investigación no pretende afirmar que el autismo sea una condición reversible ni que todas las personas autistas deban someterse a estudios metabólicos o genéticos extensos. Su propósito es destacar que existen enfermedades poco frecuentes, algunas potencialmente tratables, cuyo diagnóstico oportuno puede prevenir complicaciones y modificar determinados aspectos de la evolución clínica.

Como reflexión final, me gustaría destacar que comprender el autismo requiere ir más allá de identificar sus manifestaciones conductuales. Es necesario reconocer su heterogeneidad, respetar la diversidad de las personas autistas y continuar investigando los mecanismos biológicos que pueden estar involucrados. La identificación de una enfermedad asociada puede abrir oportunidades para prevenir daño adicional, tratar síntomas médicos específicos y mejorar la calidad de vida. Sin embargo, estos beneficios deben diferenciarse cuidadosamente de la idea de “revertir” o “curar” el autismo. No todas las personas autistas tendrán una enfermedad tratable subyacente, y la mayoría de las características autistas no deben interpretarse automáticamente como signos de una enfermedad metabólica. Aun así, reconocer señales de alarma y realizar una evaluación dirigida cuando esté clínicamente indicada puede contribuir a un diagnóstico más completo, a un tratamiento oportuno de condiciones asociadas y a una mejor planificación del apoyo individual.

Dr. Nelson Menjívar Bandy

Médico hondureño graduado de la Universidad Católica de Honduras, con experiencia en medicina general, atención hospitalaria, urgencias y atención primaria. Ha desarrollado su trayectoria profesional en diversos centros médicos como el Hospital Mario Catarino Rivas, Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS), Hospital Militar, Hospital del Valle, Hospital Ferraro, Hospital Fe y Esperanza y Hospital Quirúrgico Peniel, además de su labor en atención primaria en la UAPS Sinaí, en Villanueva, Cortés.

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