Historias que Inspiran

Johana Guicel Bermúdez Lacayo: La mujer que decidió que el origen nunca definiría el destino

Nacida en una comunidad garífuna, su determinación le ha permitido convertirse en doctora, académica y Vicepresidenta del Congreso Nacional de Honduras

Ronald Menjívar
23 Jun 2026
8 min de lectura
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Johana Guicel Bermúdez Lacayo: La mujer que decidió que el origen nunca definiría el destino

La Dra. Johana Bermúdez, marchando y alzando la bandera del pueblo Garífuna.

/ Revista Mundo Real

Hay personas que nacen para ocupar espacios de poder y otras que, antes de llegar a ellos, tienen que aprender a sobrevivir. Hay trayectorias que comienzan con oportunidades y otras que empiezan enfrentando silenciosamente aquello que muchas veces nadie ve: el miedo dentro del hogar, la incertidumbre económica, la discriminación, las limitaciones sociales y la necesidad de demostrar constantemente que sí se puede llegar más lejos. La historia de la Dra. Johana Guicel Bermúdez Lacayo pertenece a una mujer sencilla y quizá por eso, cuando habla de liderazgo, no lo hace desde los cargos; cuando habla de éxito, no lo hace desde el reconocimiento; y cuando habla del futuro, sigue regresando al mismo lugar donde todo comenzó.

Nació en Santa Rosa de Aguán, una comunidad garífuna ubicada en el departamento de Colón, al norte de Honduras. Hablar de ese lugar para ella no significa únicamente hablar del territorio donde creció, sino del espacio donde comenzó a construirse una manera de entender la vida. Su infancia estuvo marcada por una realidad difícil que transformó profundamente la historia de su familia: la violencia intrafamiliar. Recuerda que su madre fue víctima de violencia y que esa experiencia terminó impulsando una decisión que cambiaría el rumbo de todos: abandonar el pueblo y migrar buscando mejores oportunidades y una vida diferente para sus hijos. Sin embargo, incluso en medio de las limitaciones, hubo algo que jamás se negoció dentro del hogar: la educación. Su madre les hizo creer que podían alcanzar cualquier meta que se propusieran, pero que para lograrlo debían estudiar, prepararse y formarse. Cuenta que hubo días donde podía faltar comida, pero nunca podía faltar la escuela. Había una idea que permanecía firme: el conocimiento era el único patrimonio que nadie podría quitarles.

Cuando hoy mira hacia atrás e intenta identificar cuáles fueron los valores que moldearon a la mujer que ha llegado a ser, vuelve inevitablemente a esa figura materna que asumió sola la formación del hogar. Habla de una fe inquebrantable en Dios, pero también de disciplina, dedicación, responsabilidad, respeto, resiliencia y honestidad. Explica que su madre siempre les hizo entender que el hecho de ser afrodescendientes en un país como Honduras significaría enfrentar obstáculos adicionales, discriminación y escenarios complejos, pero que nada de eso podía convertirse en excusa para detenerse. Había que aprender a resistir sin perder humanidad. Había que avanzar sin dejar atrás los principios. Había que construir sin renunciar al servicio. Ese aprendizaje terminó convirtiéndose en una filosofía de vida que sigue guiando sus decisiones hasta hoy.

A esa formación familiar se sumó una herencia cultural profundamente arraigada en sus raíces garífunas. Habla de su comunidad como una escuela de solidaridad permanente.

Dra. Johana Bermúdez compartiendo con su pueblo Garifuna

La Dra. Johana Bermúdez, compartiendo con su pueblo Garifuna / Revista Mundo Real

Recuerda especialmente una tradición que para muchos podría parecer cotidiana, pero que para ella representa una enseñanza de vida: la elaboración del cazabe. Explica que alrededor de esa práctica comunitaria se transmite algo mucho más profundo que una receta o una costumbre; se transmiten valores como el trabajo colectivo, el servicio desinteresado, el voluntariado, la disposición de ayudar aun cuando no exista recompensa y la comprensión de que el bienestar comunitario debe ser una prioridad.

Aquellas enseñanzas de sus ancestros, de sus abuelos y de su comunidad terminaron convirtiéndose en una manera de entender el liderazgo: servir primero, destacar después.

Cuando llegó el momento de elegir una carrera profesional, tomó una decisión que combinaba independencia, impacto social y servicio. Eligió estudiar medicina. Reconoce que durante mucho tiempo creyó que ser afrodescendiente podía convertirse en una limitación para acceder a oportunidades laborales y por eso buscó una profesión que le permitiera construir autonomía. Pero además existió una influencia decisiva que marcaría ese camino: su abuelo, Alfonso Lacayo, a quien identifica como el primer médico afrodescendiente de Honduras. Fue él quien le transmitió una idea que terminaría acompañándola toda la vida: que las profesiones relacionadas con la salud y educación tienen el poder de transformar comunidades enteras y construir una sociedad donde el color de piel jamás determine el valor humano. Esa visión se convirtió en una misión personal.

Se graduó como doctora en 2004 y posteriormente continuó especializándose en Medicina Interna y Dermatología. Más adelante fortaleció su preparación académica con estudios de maestría en Salud Pública, Epidemiología y Administración en Sistemas de Protección Social. Su vocación profesional no se limitó únicamente al ejercicio clínico. También encontró un espacio importante en la formación académica como catedrática universitaria en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras y posteriormente como directora del Instituto Nacional del Diabético. Entre 2016 y 2017 ocupó el cargo de Editora Administrativa de la Revista Médica Hondureña del Colegio Médico de Honduras, donde además participó en investigaciones relacionadas con estilos de vida saludable y factores de riesgo materno-fetal. Sin embargo, cuando habla de aquello que más ha dejado huella en su carrera médica, no menciona publicaciones ni cargos. Habla de personas.

Recuerda especialmente una experiencia ocurrida durante la pandemia que transformó su manera de entender la medicina. En medio de una época marcada por el aislamiento y el miedo, una familia le pidió ayuda para poder saber cómo estaba un ser querido internado en estado crítico. Lograron organizar una videollamada. Del otro lado de la pantalla estaba un paciente conectado a ventilación mecánica. La familia pudo verlo, hablarle, acompañarlo emocionalmente. Poco tiempo después falleció. Pero aquella escena dejó una marca profunda. Cuenta que durante ese período terminó convirtiéndose muchas veces en un puente entre hospitales y familias que no podían despedirse. Aquella experiencia le enseñó que la medicina también consiste en acompañar, escuchar y sostener emocionalmente incluso cuando ya no existe posibilidad de curar. Dice que ese período fortaleció su empatía y le recordó que antes que médicos, siguen siendo seres humanos.

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Ese compromiso con el servicio terminó llevándola también hacia otro escenario complejo: la política. Acceder a espacios tradicionalmente dominados por estructuras masculinas y hacerlo siendo mujer afrodescendiente dentro de un partido conservador no fue sencillo. Pero nuevamente aparecieron las enseñanzas recibidas en casa: hacer las cosas bien y marcar diferencia. En 2017 fue electa diputada por Francisco Morazán, convirtiéndose en la primera mujer garífuna en ocupar ese cargo en la historia del Congreso Nacional de Honduras. Durante el período 2022–2026 integró comisiones relacionadas con pueblos indígenas y afrohondureños, asuntos económicos y sociales y modernización legislativa. En febrero de 2026 fue elegida Vicepresidenta del Congreso Nacional para el período 2026–2030, consolidando una trayectoria política construida -según sus propias palabras- "desde el trabajo, la cercanía con la gente y la transparencia".

Cuando habla de política, evita hablar del poder como objetivo. Habla del prestigio. Dice que constantemente les recuerda a sus hijos que el bien más valioso que puede tener una persona es su nombre. Repite que uno puede perder bienes materiales, posiciones o reconocimiento, pero no debe perder la credibilidad. Defiende la idea de que "sí es posible ejercer liderazgo desde la honestidad" y sostiene que gran parte del respaldo ciudadano que ha recibido se ha construido sobre "rendición de cuentas, trabajo constante y cercanía con las personas". Reconoce incluso que hacer política desde esos principios no siempre genera comodidad, pero insiste en que vale la pena sostenerlos.

Como educadora mantiene un mensaje permanente hacia las nuevas generaciones. Invita a sus estudiantes y jóvenes a formularse preguntas fundamentales: qué quieren lograr, hasta dónde quieren llegar, con quién desean construir ese camino y para qué quieren hacerlo. Les habla de cuatro acuerdos personales que considera esenciales: ser impecables con las palabras, no hacer suposiciones, no tomar nada de forma personal y dar siempre lo mejor de sí mismos. Advierte que la era digital ha multiplicado los distractores y que por eso la capacidad de mantenerse enfocados será una ventaja competitiva para quienes quieran transformar sus vidas. Para ella, la educación continúa siendo la herramienta más poderosa para cambiar realidades.

Entre todos los momentos que han marcado su trayectoria hay uno que conserva especialmente. Un día recibió una fotografía desde Trujillo, Colón. En ella aparecían varios jóvenes afrodescendientes representando líderes. Entre ellos estaba una niña garífuna vestida completamente de blanco, con perlas, replicando la imagen que ella suele proyectar en el Congreso Nacional. Al verla entendió algo profundamente humano: que alguien estaba soñando distinto porque había visto que era posible. Ese día confirmó que el trabajo estaba dejando huella.

Cuando habla de familia, su voz vuelve a suavizarse. Describe a su madre, Martha Ramona Lacayo, como su principal consejera, su mayor admiradora y una inspiración permanente. Habla de sus cinco hijos como el "motor que sostiene cada decisión". Menciona con gratitud a su esposo, Luis Francisco Green, por acompañarla incluso en escenarios difíciles. Para ella, la familia sigue siendo el lugar donde comienza todo y donde adquiere sentido cualquier logro.

Finalmente aparece una pregunta inevitable: ¿Cómo le gustaría ser recordada? Su respuesta no gira alrededor de cargos ni de victorias electorales. Dice que le gustaría ser recordada como "la mujer que nunca se rindió, la mujer que enfrentó el racismo y la discriminación sin perder la capacidad de servir".

También le gustaría ser recordada como una líder garífuna que demostró que no se necesita linaje político para llegar lejos y que desde cualquier espacio se puede transformar la vida de otros. Y durante el proceso continúa impulsando iniciativas relacionadas con modernización del sistema de salud, talento humano, protección de niñas, equidad para las mujeres y reconocimiento constitucional del carácter pluriétnico y multicultural de Honduras, mantiene intacta una convicción que aprendió desde niña y que sigue guiando toda su historia:El lugar donde una persona nace nunca debe decidir hasta dónde puede llegar.